Primera final WTA para la joven checa
Después de una top 20, ¿una top (casi) 10?
Nos encontramos ante el escenario catastrófico para Alexandrova. Se enfrenta a una jugadora en plena ascensión, sin ningún complejo, que acaba de pasar del puesto 101 al inicio del torneo al Top 40 virtual en caso de victoria. El estilo de Bejlek, con su zurda y su capacidad para variar los efectos, podría ser la peor pesadilla de la rusa. Drova necesita pelotas rítmicas para expresarse; Bejlek va a proponerle trayectorias muy altas y slices que la harán explotar en errores no forzados. La semifinal de Sára contra Tauson sirvió de aviso: con un 5-3 en contra en el último set, la checa mostró una resiliencia fuera de lo común, salvando 11 bolas de break gracias a una cobertura de pista excepcional. Tiene esa capacidad de transformar cada intercambio en un maratón psicológico, algo que puede resultar fatal para una Alexandrova ya de por sí frágil.
El factor mental es el juez de paz. Alexandrova arrastra como una losa su incapacidad para cerrar los partidos, con un balance de 0-3 en sus últimas finales y ningún título en pista dura al aire libre desde 2022. Viene de un partido que terminó en lágrimas, vaciada por 59 errores no forzados y una batalla de 2h30 en la que rozó la eliminación en bola de partido. En el extremo opuesto, Bejlek está en una nube, impulsada por la despreocupación de sus 20 años y la confianza de haber ‘scalpado’ a jugadoras como Ostapenko y Clara esta semana. Si la checa consigue hacer dudar a Alexandrova en el primer set, alargando los peloteos como hizo para desesperar a Tauson, la rusa podría venirse abajo mentalmente.
Mientras que Sára Bejlek ha optimizado sus seis victorias para una media de 1h42 por partido, Ekaterina Alexandrova llega exhausta con más de 2h06 de lucha media por encuentro, lo que ilustra un desgaste nervioso mucho más marcado en la rusa.


