El regreso del ícono chino
Operada del codo en julio de 2025 tras un Wimbledon fallido, Zheng intentó un regreso kamikaze durante la gira asiática. ¿Resultado? Una dolorosa recaída en Pekín contra Noskova y una vuelta inmediata a la enfermería. Tuvo que retirarse del Abierto de Australia 2026, incapaz de soportar la intensidad de un Grand Slam. Llega a Doha sin un solo partido oficial en las piernas desde el otoño, una falta de ritmo que se parece a un salto al vacío sin paracaídas.
El inicio de año 2026 de Kenin está lejos de ser tranquilizador. Eliminada prematuramente en Brisbane y Abu Dabi, muestra unas estadísticas al servicio en caída libre y un porcentaje de conversión apagado en sus bolas de break. Parece deambular tácticamente, incapaz de reencontrar esa garra que la llevó a la cima en Melbourne. Encima, en el clan Kenin siempre hay tormenta. Su padre Alex, que la entrena, es omnipresente en el box, y las escenas de frustración paterna (lanzamiento de botellas, gestos de enfado) en Abu Dabi dieron una imagen bastante pobre. Sofia parece asfixiarse bajo esta presión familiar que convierte cada error no forzado en un drama nacional.
Tenemos un duelo que se va a jugar al radar. Por un lado, Zheng posee una potencia de fuego natural capaz de apagar a Kenin, como en su final de Tokio a finales de 2024 (16 aces). Pero eso fue antes de que su codo se convirtiera en zona siniestrada. Hoy, el análisis se centra en una ecuación física: si Zheng no puede sacar al 100 %, su juego se derrumba. Kenin, pese a su flojo momento, es la jugadora ideal para poner a prueba esa vulnerabilidad. La va a obligar a estirarse una y otra vez, a variar las trayectorias y a utilizar el viento de Doha para volver incierto cada golpe de la china. ¡Está bien brumoso todo esto!


