La revancha de Hobart
Elisabetta Cocciaretto, n.º 57 del mundo, está viviendo un auténtico cuento de hadas en Doha. Eliminada en la última ronda de la fase previa por Varvara Gracheva, fue repescada como lucky loser antes de firmar una de las mayores gestas de su carrera al barrer a la n.º 5 mundial, Coco Gauff (6-4, 6-2). Para su primera presencia en octavos de final de un WTA 1000, la italiana parece impulsada por una fuerza invisible. Como anécdota, confesó haberse quedado pegada a la pantalla toda la semana para seguir las pruebas de esquí alpino de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 en Milán-Cortina. Hace FaceTime regularmente con su gran amiga Sofia Goggia (medalla de bronce en descenso) para hablar de la gestión del miedo y del compromiso total, una mentalidad de esquiadora que ha trasladado a la perfección a la pista.
La cima de su actuación contra Gauff se alcanzó durante un intercambio absolutamente estratosférico de 33 golpes, probablemente el peloteo más bonito de la temporada hasta ahora. Elisabetta terminó por hacer explotar a la estadounidense con un revés paralelo después de haber cubierto una distancia fenomenal. Al final de ese punto extenuante, se llevó el dedo a la sien con insistencia, un gesto que mostraba que su mental se había convertido en una caja fuerte inexpugnable. Frente a ella, Ann Li, n.º 41 del mundo, también está realizando un torneo perfecto. La estadounidense aún no ha cedido ni un solo set, dominando sucesivamente a Leylah Fernandez y Magdalena Fręch. Tras dos años de calvario físico que la habían sacado del top 200, por fin está recogiendo los frutos de su trabajo con Carlos Boluda, mostrando una calma olímpica y una derecha devastadora.
El cara a cara entre las dos jugadoras es de 1-1, y su último enfrentamiento se remonta a hace un mes en Hobart, donde Cocciaretto se impuso al final de un partido de infarto (1-6, 7-5, 7-5) cuando Li estaba sacando para ganar. Las condiciones en Doha son hoy óptimas, con un viento muy ligero (12 km/h), lo que debería permitir a Ann Li imponer su juego de potencia. Sin embargo, Elisabetta juega con esa libertad propia de quienes estuvieron a punto de no estar allí. Si la italiana logra reproducir la intensidad defensiva y la lucidez mental que mostró frente a Gauff, será una auténtica pesadilla para Li. Este partido es el choque entre una jugadora que ya no falla nada y otra que intenta demolerlo todo con su potencia; la clave residirá en la gestión de los momentos calientes, un terreno en el que Cocciaretto parece haber alcanzado una dimensión superior.


