¡Gracias, público!
Voy a ser claro: Eala sigue siendo la jugadora que más detesto del circuito. No te propondré ningún pick sobre ella, por miedo a tener un sesgo inconsciente que altere mi objetividad.
Alex Eala está convirtiendo el torneo de Dubái en una auténtica fiesta nacional filipina. Impulsada por una comunidad de expatriados desatada que llena la pista central en cada aparición, la joven protegida de la Rafa Nadal Academy está viviendo un sueño despierto. Después de haberse cargado a Jasmine Paolini (Top 10) y a Sorana Cîrstea, llega a cuartos con una confianza multiplicada y un estatus de absoluta niña mimada del público. La afición filipina, con sus banderas y sus cánticos ensordecedores, crea una atmósfera de Copa Davis que ya ha desestabilizado a sus anteriores rivales. La propia Eala ha reconocido que extrae una fuerza casi mística de esta pasión, preguntándose en la pista cuántos miles de personas estarían rezando por ella en ese preciso instante.
En el caso de Coco Gauff, el ambiente es mucho menos festivo. Aunque es la cabeza de serie número 3, la estadounidense atraviesa una gran crisis de confianza con el saque. En octavos de final, sobrevivió de milagro contra Elise Mertens (2-6, 7-6, 6-3) salvando tres bolas de partido, pero sobre todo cometiendo la cifra abismal de 16 dobles faltas. Coco tuvo que disculparse públicamente ante el público después de su victoria, consciente de que la mayoría de los espectadores esperaba el final de su maratón para ver entrar en escena a Alex Eala. Sabe que mañana jugará en territorio hostil, frente a una grada que celebrará cada uno de sus errores no forzados como un gol en una final de Copa del Mundo.
El enfrentamiento se convierte entonces en una guerra de desgaste mental. Gauff tiene esa capacidad única de ganar un partido incluso cuando lo está perdiendo tácticamente: ayer, un golpe de suerte en una pelota que se arrastró por la red en pleno tie-break cambió por completo la dinámica cuando ella se estaba hundiendo. Pero frente a una Eala quirúrgica con sus propios juegos de saque y empujada por 5.000 aficionados enloquecidos, el milagro permanente podría tocar techo. Si Coco no consigue silenciar la grada desde el inicio, podríamos asistir a una de las mayores sorpresas de este comienzo de temporada.


