Dos estilos diametralmente opuestos
Polina Kudermetova encarna el tenis moderno en toda su agresividad. Formada en la misma escuela que su hermana Veronika, busca sistemáticamente acortar los intercambios. Su plan de juego es sencillo: un gran saque, un primer golpe de raqueta demoledor y una voluntad constante de dictar el punto. Sobre la tierra verde de Charleston, que es un poco más rápida que la tierra batida roja europea, tiene las armas para desbordar a cualquiera. Sin embargo, su punto débil reside en la gestión de la frustración: en cuanto el peloteo se alarga o la rival rompe su ritmo, Polina tiende a forzar sus golpes y a multiplicar los errores no forzados.
Frente a ella, Oleksandra Oliynykova es una jugadora de estilo totalmente atípico, casi único en el circuito actual. La ucraniana, que ha alcanzado su mejor ranking de carrera este año (66ª), es célebre por su uso masivo de las moonballs (pelotas muy altas y bombeadas), de sus chops de derecha y de sus variaciones constantes de trayectoria. No busca pegar fuerte, busca hacer fallar. En su memorable primera ronda del Open de Australia contra Madison Keys, demostró que podía desestabilizar a las mejores jugadoras del mundo negándoles cualquier tipo de regularidad. “Rompe” la pelota, cambia las alturas y utiliza ángulos imprevisibles que impiden a las jugadoras de ritmo, como Kudermetova, organizarse.
Todo el desafío del partido será la capacidad de Polina para mantenerse tranquila frente a las “weird things” (como las llama Oleksandra) de su rival. En Antalya el pasado febrero, el guion fue clarísimo: Polina arrasó en el primer set (6-1) pegando a todo lo que se movía, antes de hacerse un lío en cuanto Oliynykova empezó a variar y a enviar pelotas altas. Para Polina, jugar contra Oliynykova es como intentar golpear a un mosquito con una maza: es agotador mentalmente. En tierra batida, esta variedad es aún más eficaz porque el bote acentúa los efectos de la ucraniana.


