¡Partido interesante!
Bouzkova no ha tenido que sudar para llegar hasta aquí. Un 6-0 6-2 expeditivo contra Sanchez, luego Vandewinkel que se retira por lesión con 6-4 0-0 en el segundo set. La cabeza de serie número 1 está fresca, descansada y todavía no ha jugado un partido de verdad en este torneo. Es una ventaja física evidente, pero también una incógnita táctica. Cuando no te han puesto a prueba, no sabes muy bien cuál es tu nivel real del momento. Sus estadísticas en tierra batida en las últimas 52 semanas tranquilizan: 75% de victorias WTA sobre tierra, puntos de break convertidos al 62,2%, una capacidad para rematar los partidos cuando tiene una bola de break pronto en el juego que la convierte en una de las mejores del circuito en esta superficie. Pero ahora llega la prueba de verdad.
Darja Semenistāja, ella sí ha tenido que ganarse su sitio. La letona de 23 años tenía un tobillo tocado en Les Sables d’Olonne en febrero, y en Bogotá aun así eliminó sin temblar a la cabeza de serie Seidel por 6-2 6-2, antes de gestionar a Papamichail en tres sets con la capacidad de reaccionar tras perder el segundo set. Cada partido le ha devuelto piernas, ritmo, confianza. Su 44,1% de devolución de primeros saques en tierra y sus 2,51 puntos por juego al resto la convierten en una rival incómoda para cualquiera en este cuadro. Su única verdadera fragilidad es su resistencia bajo presión al saque, donde solo salva una bola de break de cada tres en 2026, secuela probable de su tobillo, que aún no le permitía impulsarse al 100% en los momentos críticos.
La paradoja de este cuarto es que la jugadora más fresca quizá no sea la que pensamos. Bouzkova no ha jugado desde hace dos días, Semenistāja tiene ritmo en las piernas y una dinámica de torneo que la checa aún no ha construido. En tierra batida a 2600 m de altitud, donde la adaptación lleva tiempo, tres partidos jugados a veces valen más que un descanso prolongado.


