¿Quién va a detenerlo?
Hay jugadoras que llevan algo más grande que ellas mismas en la pista. Elina Svitolina forma parte de ese grupo desde 2022. La guerra en Ucrania ha transformado a esta ex número tres mundial en un símbolo, en un estandarte, en algo que va más allá del tenis. Juega con la bandera ucraniana bordada en cada gesto, rechaza los premios de los torneos para donarlos a la ayuda humanitaria y sigue ganando a un ritmo que haría sonrojar a jugadoras diez años más jóvenes. Un 73% de victorias en 52 semanas, siete títulos en su carrera sobre tierra batida, una presencia en la pista que intimida incluso antes de que se juegue la primera pelota. Madrid, este miércoles, es su terreno, su superficie, su momento.
Enfrente, Anna Bondar llega con algo inesperado en el equipaje: una victoria contra Svitolina en el US Open el verano pasado, 6-2 6-4, clara, sin discusión. La húngara es una jugadora de tierra batida pura, con dieciséis títulos Challenger sobre esta superficie, una soltura sobre el polvo de ladrillo que contrasta con sus resultados en pista dura. Llega en gran forma, con 8 victorias en sus últimos 10 partidos. Pero Svitolina, desde ese US Open, ha tenido tiempo de ver el vídeo, de corregir, de volver más fuerte.


