¡No habíamos vuelto a oír hablar de Bucsa desde su doble título en Mérida!
Cristina Bucsa tiene 28 años, es diestra, entrenada por su padre Ion Bucsa, número 1 española desde su título en Mérida en febrero, jugadora discreta que no tiene ni Instagram ni TikTok y que se entrena tranquilamente en el norte de España, en Cantabria. Llega a Madrid con la halagadora etiqueta de campeona local y con un mes de descanso en las piernas desde su última aparición. El problema es que ese descanso se interpreta de otra forma cuando miras su ficha en clay: cero victorias, dos derrotas en 52 semanas sobre tierra batida WTA, y un título en Mérida ganado en pista dura, no en arcilla. Su cara a cara contra Sönmez también se remonta a Mérida, en pista dura, en un contexto que no tiene nada que ver con lo que le espera hoy en la Caja Mágica.
Enfrente, Zeynep Sönmez tiene 23 años, es diestra, turca, 79 del mundo después de haber alcanzado su mejor ranking en el puesto 67 la semana pasada en Stuttgart. Viene de una derrota cruel contra Fernandez, dominando 5-1 en el tercer set antes de inclinarse en el tie-break, ese tipo de derrota que duele pero que demuestra que estás en el partido. En tierra batida lleva 3 victorias y 4 derrotas en 52 semanas, un balance modesto pero infinitamente superior al de Bucsa en esta superficie.
El duelo se resume en una pregunta sencilla: ¿cuál de las dos se siente menos incómoda sobre la tierra batida de Madrid? La respuesta se inclina claramente hacia Sönmez, que llega con el ritmo de Stuttgart en las piernas, un buen timing de bola y un conocimiento reciente de lo que exige físicamente la superficie. Bucsa afronta este partido en frío, sin referencias recientes en clay, contra una jugadora a la que ciertamente ha vencido, pero en condiciones radicalmente diferentes.


