El renacimiento de una leyenda en sus tierras favoritas
Karolína Plíšková regresa a Roma con una sensación de familiaridad que pocas jugadoras pueden reivindicar en esta pista. Título en 2019, final en 2020, final en 2021: tres presencias consecutivas en la final sobre la misma superficie, en el mismo estadio. La checa de 34 años ha sobrevivido a una doble cirugía de tobillo a finales de 2024, se perdió casi toda la temporada 2025 y volvió en septiembre con dos WTA 125 en las piernas para ponerse de nuevo en marcha. Lo que está haciendo en tierra en 2026 roza la resurrección: 6-1 sobre ocre, cuartos de final en Madrid arrasando a Sakkari y Mertens antes de caer contra Potapova tras salvar tres bolas de partido en el segundo set. Sus cifras en tierra batida 2026 no dejan lugar a dudas: Match Efficiency de 2.516, 74,4% de juegos de servicio ganados, 69,3% de puntos ganados detrás de su primer saque, y un 100% de tie-breaks ganados que lo dice todo sobre su capacidad para no soltar en los momentos cruciales. Mete el 65,3% de primeros saques en pista, lo que reduce mecánicamente las oportunidades de break de la rival.
Jessica Bouzas Maneiro encarna la paradoja más cruel del circuito en 2026. La gallega de 23 años, entrenada por Cesar Fabregas, es una de las mejores restadoras sobre tierra de su generación: 45,1% de juegos de resto ganados, 60,1% sobre la segunda bola rival. Pero su temporada 2026 es un naufragio con 4-9, y las estadísticas en tierra comparadas lo explican de forma brutal: Match Efficiency de 0.606 frente a 2.516 para su rival, solo un 56,9% de juegos de servicio ganados, 0% de tie-breaks ganados. Crea ocasiones, aprieta, domina los intercambios, pero su servicio cede demasiadas veces y no concreta en los momentos que cuentan. Bajo presión al saque, Plíšková gana el 62% de los puntos con 40-40 frente al 56% de la española. Ahí es donde se ganan y se pierden los partidos en esta tierra lenta donde los juegos ajustados se acumulan.


