Una francesa no al 100 %
Katerina Siniaková llega a Roma con mucho ritmo en las piernas. La checa de 30 años acaba de ganar el título de dobles en Madrid la semana pasada junto a Townsend, su 36.º título WTA en dobles, sobre esta misma tierra batida. Conoce el Foro Itálico como la palma de su mano, sus desplazamientos están entre los mejores del circuito y su lectura táctica sobre arcilla es reconocida desde hace años. Su balance WTA en tierra batida en 52 semanas es modesto en individuales, pero la continuidad en el ritmo de juego que aporta el dobles es una ventaja real que las cuotas no integran directamente.
Enfrente, Lois Boisson es una de las jugadoras más fascinantes sobre tierra cuando está en condiciones de jugar: semifinalista de Roland Garros 2025, victorias sobre Andreeva y Pegula, 10-2 en WTA clay en 52 semanas. Pero no es esa Boisson la que se presenta en Roma. Seis meses de ausencia, lesión en el brazo derecho, un solo partido en 2026 contra Stearns en Madrid, perdido con claridad. Ella misma lo ha dicho: fue demasiado pronto. Está aquí sin pretensiones, en plena reconstrucción física, sin ritmo de competición desde septiembre de 2025.


