Los aturdidos
Entre el holandés deprimido, que ha preferido no disputar los torneos posteriores a Múnich con el pretexto de que no está lo bastante preparado físicamente, y el francés que, desde su cadena Marrakech-Montecarlo, no es más que la sombra de sí mismo sobre tierra batida, es difícil decidir. Es una especie de adivinanza para saber cuál de los dos ha recuperado mejor la confianza. Y cuando se apuesta dinero, no gusta jugar a las adivinanzas. Sobre la tierra batida de Roma, con un clima templado y un tiempo tormentoso e incluso lluvioso, que tendrá como consecuencia una tierra pesada y quizá incluso interrupciones, el aspecto mental puede volverse aún más importante de lo que ya lo es en una superficie así. Evidentemente, confío más en el francés en estas condiciones. Alexandre Muller ha preferido seguir disputando torneos para recuperar la forma, mientras que el neerlandés se ha detenido por completo. Eso puede haberle sentado mejor a la larga, pero la reacción del francés es en cualquier caso de mayor envergadura. Y además, todos lo sabemos, preferimos al neerlandés en una situación de contragolpe, ante perfiles más unidimensionales. Ahora bien, el francés es él mismo un contragolpeador, incluso un defensor. Tiene menos potencia que el neerlandés y, por lo tanto, se encontrará más probablemente en la posición que más le gusta. Y cuando el neerlandés tiene que llevar la iniciativa del juego sin confianza sobre una tierra lenta, no es precisamente algo que me guste.


