Detener la hemorragia.
Es una cuestión bastante vital para el australiano que, recuerdo, ya había tenido un bajón el año pasado por el encadenamiento de torneos que encontraba muchísimo más intenso de lo razonable. No sé si es eso lo que le está pasando ahora mismo, pero en cualquier caso, aunque tenga cuadros difíciles, el contenido de sus partidos está muy lejos de ser perfecto. Se le ve hablar con su entrenador y mostrar muchas señales de falta de confianza. Y como las malas noticias nunca llegan solas, ahora le toca enfrentarse en Roma a un italiano que viene de ganar un challenger y que está calentísimo. La cosa con el australiano es que siempre reacciona bien en un determinado momento. ¿Es este el momento adecuado en Roma? No lo sé. Para prever el duelo, está su partido de hace dos años en el Open de Australia, que para mí sigue siendo bastante especial. Lo que me gusta aquí es que al australiano le encanta tomar la pelota y llevar la iniciativa, lo que colocaría a Arnaldi en una posición de contragolpeador que nos gusta mucho. Me imagino un partido… delicado para el australiano, que va a tener que navegar, como desde su primer partido en Montecarlo, entre una lucha contra su rival y otra contra sí mismo.


