Bélgica entra en territorio desconocido
Hanne Vandewinkel no sabía todavía qué era un cuadro principal WTA 250 hace dos meses. La limburguesa de 21 años ha subido peldaños a una velocidad que sorprende incluso a sus entrenadores Romain Barbosa y Kirsten Flipkens: tres títulos ITF en febrero y marzo, entrada en el top 100 en abril, y ahora Rabat, donde descubre un nivel que casi nunca ha rozado sobre tierra batida. Su juego en pista dura está afilado, agresivo, construido para ir rápido. En arcilla, en cambio, las cifras WTA se resumen en una victoria y una derrota, y las estadísticas en tierra de 2026 revelan a una jugadora que sufre en cuanto aumenta la presión.
Panna Udvardy no tiene ese problema. La húngara de 27 años ha construido toda su carrera sobre el polvo de ladrillo, 13 títulos ITF en tierra batida, una final en Bogotá en 2026 en esta misma superficie. Entrenada por Martin Torretta y Bastien Fazincani, sabe exactamente cómo manejar los peloteos largos, crear oportunidades de break y aguantar en los tiebreaks. Frente a una jugadora que llega a un mundo que aún no conoce, su experiencia y su solidez sobre tierra pesan mucho.


