El regreso de Raducanu, ¿qué podemos esperar?
Diane Parry llega a Estrasburgo en la mejor forma de su temporada sobre tierra batida. Coronada ayer en el Trofeo Clarins tras una semana de altísima calidad sobre el ocre parisino, con victorias sobre Haddad Maia y Gracheva antes del abandono de Keys en la final, la francesa de 23 años encadena cuatro triunfos consecutivos y juega casi en casa en Alsacia. Su tenis en esta superficie se ha construido desde sus inicios en Challenger e ITF, con seis títulos todos sobre tierra y una capacidad para desplegar su mejor juego en arcilla cuando entra en confianza. Este lunes llega precisamente con eso: confianza, ritmo y piernas frescas a pesar de la semana en París.
Enfrente, Emma Raducanu firma su gran regreso después de 70 días de ausencia. Lo que a menudo se olvida es que no es una desconocida en tierra batida: 13-11 en su carrera en WTA clay, un balance que esconde actuaciones sólidas en esta superficie. Su mejor resultado sigue siendo un cuarto de final en Stuttgart en 2024, donde plantó cara a Swiatek hasta el final, prueba de que sabe construir los puntos sobre ocre y que su juego de fondo se adapta de forma natural. Pero entre saber jugar en tierra y llegar sin ningún partido desde marzo hay un abismo que ni el talento puede salvar de un día para otro.
El ángulo narrativo es potente: Andrew Richardson, el hombre del título del US Open 2021, vuelve a su box tras su etapa en la Ferrer Academy en España. Una alianza reencontrada, una continuidad poco habitual en la carrera de Emma, pero que se construye alrededor de una jugadora cuyo estado físico sigue siendo una incógnita total después de unos síntomas post-virales persistentes hasta Roma.


