¿Quién puede detenerla? Katye seguro que no.
El domingo por la mañana, a las ocho, Marta Kostyuk recibió una foto en su teléfono. La casa de sus padres en Kiev, rodeada de una nube de humo. Un misil ruso acababa de caer a cien metros de allí. Su madre, su hermana y su tía abuela estaban dentro. Unas horas más tarde, la número 22 del mundo, WTA 17, cabeza de serie número 15, entraba en la pista Simonne-Mathieu para disputar su primera ronda. Ganó 6-2, 6-3. Entre lágrimas al micrófono después del partido, les contó a los periodistas lo que había llevado encima durante todo el encuentro: "Pasé la mañana con náuseas. A cien metros de diferencia, me habría quedado sin madre y sin hermana". En rueda de prensa, sacó su teléfono y les enseñó la foto. También lamenta que, según ella, el mundo haya ido olvidando poco a poco la guerra. Sigue usando su voz para hablar de ello, partido tras partido.
Sobre la pista, Kostyuk es sencillamente la jugadora más dominante en tierra batida en 2026. Trece victorias consecutivas sobre esta superficie, incluido el título en Madrid, donde venció a Baptiste, Gauff y Sabalenka en la misma semana. Su juego de fondo físico, agresivo y preciso encaja perfectamente con las exigencias de la tierra de París. Katie Volynets, 23 años, WTA 52, es una jugadora de fondo con un resto temible cuyos percentiles de puntos de break convertidos son muy altos en tierra. Derrotó a Olmos en la primera ronda para acceder a esta segunda vuelta. Pero frente a esta versión de Kostyuk, en este estado de gracia y con esta mentalidad, la diferencia de nivel es estructural.


