La final inédita
Este torneo lo ha roto todo desde el primer día. Rybakina, Gauff, Świątek, Sabalenka, Kostyuk. Una por una, las favoritas han ido cayendo, y de este caos han emergido dos jugadoras con una legitimidad que hoy nadie les puede discutir. Mirra Andreeva, 19 años, diestra, y Maja Chwalinska, 24 años, zurda. La regularidad contra el cuento de hadas.
Maja Chwalinska ha escrito la historia más improbable de la quincena. Entró en el cuadro desde la fase previa, 114.ª del mundo en el momento de golpear su primera pelota en París, y se va como finalista y ya mínimo 21.ª del mundo. Ha derrotado a Zheng, Mertens, Sakkari, Parry, Kalinskaya, Shnaider. Nueve partidos, un solo set perdido en toda la quincena. El jueves, en semifinales, bajo el techo cerrado de la Chatrier por culpa de la lluvia, ofreció al público una lección de tenis que encantó a los niños de los colegios presentes en la grada: dejadas, globos, slices de revés, una volea a contratiempo con 2-4 en el tie-break para darle la vuelta a todo y encadenar cinco puntos seguidos. La mitad de errores no forzados que Shnaider, 17 contra 36. La propia Shnaider confesó después del partido: "Incluso cuando crees que has ganado el punto, ella sigue ahí". Es solo la segunda jugadora procedente de la previa en la historia que alcanza una final de Grand Slam tras Emma Raducanu en el US Open 2021. Después del partido, seguía sin encontrar las palabras: "Es un sueño. No sé qué está pasando. Intento mantener la calma porque eso me ayuda a jugar mi mejor tenis, pero por dentro soy una tormenta."
Mirra Andreeva también tuvo derecho a su semifinal expeditiva, 6-1 6-3 en 1h16 contra una Kostyuk irreconocible. La rusa de 19 años lidera el circuito con 35 victorias esta temporada, 21 de ellas sobre tierra batida. Disputa su primera final de Grand Slam con la calma de una jugadora que siempre supo que este momento llegaría. Tras su victoria ante Kostyuk, se giró hacia su entrenadora en la grada: "¿Estamos de acuerdo en que no cambiamos nada para la final?" La entrenadora en cuestión es Conchita Martínez, finalista en Roland Garros en 2000, derrotada por Mary Pierce en esta misma pista hace veintiséis años. No se perdió ni un segundo de la semifinal de Chwalinska el jueves, sentada en la grada analizando cada slice, cada dejada, cada variación. Los datos, la preparación, el plan de juego contra una zurda a la que su jugadora nunca se ha enfrentado. Andreeva admitió con sobriedad: "Nunca he jugado contra ella. No la conozco bien. Ya veremos." La variación definitiva frente a la defensa más sólida del circuito, y una entrenadora que lleva dentro el recuerdo de la única final de Roland Garros que no supo ganar. Este partido tiene alma.


